Una vez tenía ganas de ver a Sergi Torres y, ¡zas!, veo que recién se cargaba en su Instagram una venida a Buenos Aires.

Entonces, con mi RetorcidaMente sacamos la entrada bien cerca. Había que tenerlo casi cara a cara.

Resulta que cuando estábamos ahí, en el teatro, ya sentada en las butacas, a dos sillas del escenario, me empecé a ir por las ramas con mi mente, que no paraba de observar todo con el ego.

Le miraba las manos, los pies, la ropa…

Yo tenía muchas ganas de concentrarme como cuando lo escuchaba en casa mientras lavaba los platos.

Pero acá, sentada, sin tener que ocuparme en nada más que verlo a él, no podía.

¡La p… madre, cómo me costaba escucharlo!

Así que dije:

—Basta, Laura. ¿Qué hacemos para prestar atención?

—Sacate los anteojos —dijo la consciencia.

—¡Y no lo voy a poder ver! —respondió mi mente retorcida.

—No importa —afirmó la otra—. No necesitás ver a nadie. Ahora solo necesitás escuchar y nada más.

Hice caso enseguida y me saqué los anteojos.

Ahora solo veía una mancha nublada hablando como Sergi Torres.

De repente, Sergi vino y se sentó justo enfrente de donde estábamos mi amiga y yo, ahí, como si estuviera mirándonos a nosotras.

Yo continuaba prestando atención, sin verlo nítido, aunque ahora la silueta se empezaba a ver un poco mejor.

Acto seguido, empezó a interactuar con alguien que estaba cinco butacas detrás mío. Empezó a caminar por la escalera, entró en la hilera de sillitas, caminó por el espacio que hay para poner los pies entre silla y silla y, de repente, dio medio giro y literalmente puso su estómago delante de mis ojos.

Mi mente retorcida quería verlo, ¿no?

—Ahora que soltaste el control, te lo traigo más cerca de lo que imaginarias —dijo el universo.

Lau.

Por ultimo, creo que no hay que hacer mucho más que un salto de fe en algunas circunstancias, y a ese salto puedo otorgarle hoy la simpleza de una “acción concreta”.

Y resulta que hace unos días me puse a llorar de esa manera tan altamente sensible y, en una congoja, me escuché decir: de verdad quiero colaborar a aquellas almas que van a fondo, que no piensan en chiquito en este camino, que son capaces de todo con tal de aprender a vivir en este planeta como lo sienten en algún lugar del cuerpo, pero no saben ponerle palabras.

Esas personas que exploran y exploran y no se quedan con lo que vivieron en una simple charla, o en un retiro o en una meditación. Van y lo viven y lo experimentan en el día a día.

Son de almas inquietas que saben que todo esto de este mundo es medio una pantomima.

Ellos saben, simplemente lo sienten… Muchos solo andan por ahí como yo anduve, tratando de encontrar las palabras humanas correctas y, al final, la sensación de Nirvana en la totalidad de su cuerpo, mientras piensan que para eso algo más debería cambiar afuera.

Aunque en el fondo solo anhelan el estado de plenitud que envuelva su vida en un estado de equilibrio interno que sea tan coherente, para lograr replicar eso mismo afuera.

Que lidian con sus mentes y creen que es su enemiga cuando en realidad esas mentes, así tal cual están, son parte crucial de esta experiencia…

A esas almas extremadamente e incansablemente inquietas y casi obsesivas con esto, queda abierto este canal para que me contacten por privado si así lo requieren.

Yo dejo la puerta abierta a ellos, pongo la pava y en esa certeza me tomo un té.

Es con ellos el trabajo profundo. Con nadie más.

Al final, estoy segura de que nos encontremos y eso tiene una explicación más profunda que quizás algún día podremos comprender acá en la materia. Si te resuena algo de todo esto podés enviar un whatsapp, haciendo click en el botón que aparece justo por acá abajo.

También te invito a conocer mi canal https://www.youtube.com/@lauradagostinook y red social https://www.instagram.com/lauradagostinook/?hl=es

Nos vemos, un abrazo.