A veces estamos tan ocupados intentando cambiar que no nos damos cuenta de todo lo que ya cambió en nosotros.

Seguimos mirándonos desde quienes fuimos, interpretando lo que nos pasa con los mismos pensamientos de siempre y relacionándonos con la vida como si todavía fuéramos aquella persona que empezó su proceso de transformación.

Pero ¿qué pasa cuando empezamos a reconocer que ya no reaccionamos igual, que hay cosas que dejaron de afectarnos de la misma manera y que aprendimos a acompañarnos de otra forma?

Hace poco, una mañana cualquiera, mientras tomaba mate y miraba el cielo desde la ventana, me encontré enumerando un montón de cambios que había experimentado en mi propia vida. Y descubrí algo que me dieron ganas de compartir: el diálogo interno tiene mucho que ver con la manera en que integramos esos cambios y actualizamos la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Así que me puse a hacer una lista de las cosas que cambié. Y también de esas otras con las que hoy puedo relacionarme de otra manera, si es que siguen sucediendo:

Puedo reírme y no tomarme personal cuando mi hijo me dice que me salí de las normas de convivencia que yo misma establecí.

Pude dejar de ofenderme cuando le explico algo a mi marido, estoy segura de que es así y me dice: «Puede ser».

Ya dejó de molestarme que haya cosas por arreglar en casa de manera perfeccionista.

No intento sacar o salvar a mi marido de las crisis que vive.

Puedo observar las frustraciones de mi hijo y verlas como su magíca oportunidad de cambio y crecimiento.

Puedo disfrutar de estar haciendo la nada misma.

No necesito cosas materiales para ser feliz o estar en paz. Ni viajes ni ropa nueva. Ya no uso cosméticos, ni filtros para hacer videos.

Me divierto mucho mucho sola cuando detecto que me empiezan a abordar los pensamientos catastróficos o impulsivos, sacándome de ahí. Aún no puedo hacerlo en público, pero la risa efusiva cuando estoy sola es increíble.

Ya no me empujo. Intento vivir cada vez más desde la amorosidad, basada en una vida más simple.

Ya no sufro cuando me pongo autoexigente. Me recuerdo que es un yo viejo pensando como ya no pienso y me devuelvo al bienestar.

Disfruto muchísimo estar sola conmigo. Cuando mi mente me quiere sacar de la paz que llevo, para hacerme acordar de que podría estar en otro lado  y no encerrada en mi casa, sola meditando, me traigo a la calma.

Puedo escuchar a alguien teniendo un conflicto interno o con otros y no intentar resolverle nada. Si no me lo pide, menos.

Soy capaz de acompañar en el cambio desde mi presencia, con la intervención justa, sin intentar darles en una hora toda mi resiliencia de 15 años.

Ya no vivo obsesionada con los recursos del cambio. Soy flexible con la práctica y agradezco mantener la constancia, aunque alguna vez esa constancia haya sido una vez por semana.

Ya no necesito que nadie me valide.

Ya no me interesa encajar en ningún lado, definitivamente.

Ya no me da miedo la incertidumbre que generaba el misterio después de la muerte.

Ya no me hace falta hacer más de lo que me piden.

Ya no me critico si hago algo como no es debido según yo misma. Le quité autoridad a mi juzgador interno.

Ya no tengo más síndrome del impostor.

Definitivamente, no como para llenar vacíos. Tampoco voy a sitios ni hago cosas exactamente por lo mismo.

Definitivamente, no me molesta si alguien no me invita a algún lado. Tampoco a los lugares a los que no quería ir.

No necesito que nadie me agradezca nada.

No necesito que nadie me haga sentir su musa inspiradora.

No necesito sentir placer todo el tiempo.

Definitivamente, ya no me molesta ver a mi hijo y a mi marido pasando ocio.

Definitivamente, ya no me molesta más tener la relación que tengo con mi papá. Una relación que elegí yo misma. Disfruto hablar por WhatsApp con él de vez en cuando. Es mi estrategia para estar cómoda, hacerlo mediante la escritura.

Definitivamente, ya no me culpo por la muerte de mi mamá.

Ya no miro a algunas personas desde el recuerdo más horrible que tengo con ellas, creyendo que me odian y que están siendo falsas conmigo. Las veo desde el amor que definitivamente siempre existió.

¿Qué cosas cambiaron en tu vida y ya no son como antes? contame tambien si te reconoces en alguna de las que nombré.

Por ultimo, resulta que hace unos días me puse a llorar de esa manera tan altamente sensible y, en una congoja, me escuché decir: de verdad quiero colaborar a aquellas almas que van a fondo, que no piensan en chiquito en este camino, que son capaces de todo con tal de aprender a vivir en este planeta como lo sienten en algún lugar del cuerpo, pero no saben ponerle palabras.

Esas personas que exploran y exploran y no se quedan con lo que vivieron en una simple charla, o en un retiro o en una meditación. Van y lo viven y lo experimentan en el día a día.

Son de almas inquietas que saben que todo esto de este mundo es medio una pantomima.

Ellos saben, simplemente lo sienten… Muchos solo andan por ahí como yo anduve, tratando de encontrar las palabras humanas correctas y, al final, la sensación de Nirvana en la totalidad de su cuerpo, mientras piensan que para eso algo más debería cambiar afuera.

Aunque en el fondo solo anhelan el estado de plenitud que envuelva su vida en un estado de equilibrio interno que sea tan coherente, para lograr replicar eso mismo afuera.

Que lidian con sus mentes y creen que es su enemiga cuando en realidad esas mentes, así tal cual están, son parte crucial de esta experiencia…

A esas almas extremadamente e incansablemente inquietas y casi obsesivas con esto, queda abierto este canal para que me contacten por privado si así lo requieren.

Yo dejo la puerta abierta a ellos, pongo la pava y en esa certeza me tomo un té.

Es con ellos el trabajo profundo. Con nadie más.

Al final, estoy segura de que nos encontremos y eso tiene una explicación más profunda que quizás algún día podremos comprender acá en la materia. Si te resuena algo de todo esto podés enviar un whatsapp, haciendo click en el botón que aparece justo por acá abajo.

También te invito a conocer mi canal http://l https://www.youtube.com/@lauradagostinook