Me acabo de dar cuenta de que hoy es el ultimo día del mes y no escribí nada en la newsletter que tengo. Aunque también tengo una justificación muy válida y, aparte, todavía estamos a 31, así que técnicamente sigo a tiempo.
Cómo verán, acaba de aparecer «Doña Retorcida» tratando de justificar su accionar e intentando adelantarse a todas esas ideas que se van pergeñando en esta mente. En fin, la newsletter es de ella, así que tampoco puedo andar borrándola.
Ahora que ya detecté hacia dónde va esto, voy a contarte lo que se me ocurrió publicar.
Ah, no, pará. Antes te tengo que contar sobre la justificación muy válida. Esa fue mía, muy mía; más que de mi retorcida, de hecho. Si ella hubiera decidido, no se habría implementado (el motivo de la justificación, digo) porque «para ella eso no fue nada productivo». Aunque para mí sí, y mucho, así que te lo cuento acá.
Agosto en Argentina es el mes que le da cierre al invierno. Esa etapa tan especial que conecta con la posibilidad de estar adentro, pero que a muchos —como a mí durante tanto tiempo— nos invitó a estar tristes y con la energía medio baja. Por ende, mis inviernos solían ser de película de drama y esto se hizo tan habitual que ya estaba predispuesta; llegada esa estación del año, siempre había algo para pasarla mal.
Con decirte que el invierno anterior fue cuando se me murió mi gato Tomy; y así y todo, estas épocas las pasaba de una forma emocional bastante irregular. Por un lado duelaba o sentía la tristeza que necesitaba, y por el otro me exigía terminar eso ya y ponerme a hacer cosas. El hecho de no hacer nada era medio impensado; mi mente retorcida no dejaba que me quedara mucho ahí. Ella tenía una creencia medio extraña: pensaba que quedarse quieta era la forma de estar sin vida.
Y ojo, que tardé bastante tiempo en darme cuenta de esto. Incluso ahora mismo, mientras escribo, puedo comprender más porque lo hacía. Ella se basaba mucho en una lógica: no ser como mi mamá, que estaba tirada todo el día en la cama con depresión… Ya saben cómo es; enrosca todo y lo entiende al revés. En fin.
Continuando, aunque a muchos de estos patrones los empecé a observar hace un tiempo, en este invierno fue cuando los terminé de poner a todos sobre la mesa y empezar a practicar la nueva identidad. Una parte de mí no quería hacer nada de nada; o bueno, nada que fuera «supuestamente productivo y expansivo». Porque hacer una torta o cocinar la boloñesa para los fideos —que me sale bárbara—, eso sí quería. Lo que no quería era hacer cosas «que me hagan ir para afuera», como entrevistas, charlas, exposición con otros, talleres o sesiones o estar con otras personas.
Y fue un plato, como diría mi abuela, porque en cuanto me daba vuelta, mi mente retorcida me agendaba algo, o me suscribía a una masterclass o seminario para estar siempre actualizada con la información que hay.
Así que entre junio y julio bajé todo a tierra y desglosé perfectamente el patrón. Me di cuenta de cómo, en años anteriores, yo había confundido el invierno con la tristeza, y el estar para adentro con deprimirme. Y empecé a liderarme en este nuevo cambio.
Mientras iba gestionando mi relación con todo este tema, lo primero que hice fue documentarlo —como hago siempre— y luego empezar a observarme mientras cambiaba. A veces se tornó dificultoso; me generaba emociones que me hacían sentir ansiedad por no estar haciendo «supuestamente» lo nada productivo. Eso lo sentí, lo procesé y lo regulé, todas las veces que fuera necesario, habiendome avisado de ante mano.
Y después, estratégicamente, empecé a organizar la agenda para ir quitando cosas. El plan a cortísimo plazo era este: agosto libre de todo.
Fui culminando como iba pudiendo en esta práctica de una nueva identidad que cierra ciclos con compromiso, constancia y paz. No voy a mentir: haciéndole caso a mi parte retorcida viejísima —esa que estaba acostumbrada a dejar todo para lo último—, terminé la edición de un libro casi sobre el final de julio. Pero tampoco me castigué, por el contrario me divertí mucho. Me vi en el cambio, estando presente, y me observé intentando cambiar, metiendo lo viejo en automático. Con una palmadita en la espalda, me decía que esto estaba mucho mejor que antes.
Y se logró el cometido, llegué a agosto libre. Quedaron solo dos procesos en agenda que vi dos veces en el mes; eso no podía controlarlo y tampoco me significó mucha carga. Al contrario, como mi intención era otra, lo disfruté.
Aprendí a hacer tortas sin gluten, berenjenas rellenas y galletitas de coco. Estuve mucho en silencio, dormí siestas abajo del sol y pasé mucho tiempo aburriéndome afuera.
Claro que mi mente retorcida intentaba tomar el control y mandarme a hacer algo que no sea eso, pero cada vez que la veía con amor, me traía de vuelta, recordándome esta experiencia.
Compré un libro de Paulo Coelho y leí en paz, sin pensar en que fuera un ejercicio de crecimiento personal o que tuviera alguna finalidad puntual. Limpié ventanas tardando muchas horas, aprendí a estirar de una manera nueva la espalda y también a ganar fuerza en los brazos haciendo poco y nada. Aprendí a habitar espacios con mi marido, aunque aparecía mi mente retorcida a avisarme que mirar una serie y comer chipa no era productivo…
Y gracias a escucharla, aprendí a hacerme una nueva pregunta: ¿Cómo integrar mi mundo y aquel con el que me relaciono más con los otros y estar en paz con todo?
Y lo más hermoso: me encontré mucho más con mi feminidad, esa que malinterpreté y rechacé por largo tiempo. Creo que voy a hacer un escrito entero sobre esto, pero sentí mucho mi cuerpo, aprendí a vivenciar las experiencias y a entender cosas desde la simple sensación corporal y cómo, simbólicamente, un acto pasado por el cuerpo puede ayudarnos a evolucionar. Esto es de lo más nuevito para mí; yo fui alguien muy escéptica y viví mucho tiempo en la cabeza.
Hoy finalizo este mes con mi mente retorcida como aliada, porque entendió que ir más allá y hacer esto nuevo no iba a matarnos. Al contrario: iba a potenciarnos a las dos.
Vengo en Septiembre, eso dije en la newsletter, aunque puede que acá venga también. veré que trae el mes y que traigo yo. Te quiero contar algo más, porque la primavera me va inspirando, te cuento que voy a abrir unos espacios en la agenda para colaborar en algunso procesos, si sentís que te puedo contribuir, abrí el botón de whats app que figura en este blog y charlamos bien.
Nos vemos.
Gracias por leerme.
Comentarios recientes