Cuando dejás de ver carencia en el otro, dejás de alimentarla
Cosas que solo puedo hablar en ciertos lugares.
En mi blog por ejemplo. Así que voy a dejarlo por acá para que puedas ver esta anecdota que viene con testimonio y a parte su reflexión final.
El domingo regalé el hornito eléctrico viejo, porque llegó el nuevo.
Lo dejé afuera, le agradecí todo el tiempo que estuvo con nosotros. Y, de hecho, me puse a imaginar que alguien se lo lleve, lo vea y diga:
“Che, mirá… solo está rota la puerta, funciona todo”.
Que lo arreglen y lo disfruten.
Que le den una segunda oportunidad.
Pero antes de eso, apareció una identidad vieja.
Fue sutil, chiquita… pero la vi.
El pensamiento fue:
“¿Por qué no llamás a tu papá y se lo regalás? Seguro lo arregla y se lo queda”.
Y en ese mismo segundo, algo en mí hizo corte.
Pensé:
No.
Mi papá puede comprarse un horno nuevo.
Mi papá puede tener cosas nuevas.
Puede tener las mejores cosas del mundo.
No tiene por qué quedarse con algo roto.
Y menos dado por mí.
A ver, yo sé que hay gente que restaura cosas y las deja fenomenales.
Pero este pensamiento no venía de ahí.
Venía de un lugar mucho más antiguo en mí.
De una creencia silenciosa, casi imperceptible:
“pobre mi viejo no puede”.
Y ahí entendí algo.
Muchas veces creemos que damos desde el amor…
pero en realidad estamos sosteniendo una imagen chiquita del otro.
Así que lo extirpé de mi cabeza.
Literal.
Dije: no, no, no.
Esto va a la calle.
Se lo regalo a quien sea.
Mi papá puede tener lo mejor del universo.
Y también, si quiere, puede ser él quien me dé lo mejor a mí.
Y en ese acto, que desde afuera es insignificante, pasó algo enorme.
Dejé de ubicarlo en un lugar de carencia.
Dejé de vincularme con esa versión de él.
Es cosa de creer o reventar… pero al día siguiente me escribió.
Nos comunicamos por WhatsApp nosotros. Es el medio que tenemos hoy para estar conectados de algún modo. Hablamos poco, yo lo sé y es parte de una estrategia mía para atravesar mejor este proceso que estoy llevando a cabo.
Y me puso:
“Me llamaron del lugar donde estoy esperando entrar a trabajar. Tengo que ir a buscar la ropa mañana”.
Y hoy —que ya es mañana— me di cuenta de todo.
Hice ese acto, tan invisible como poderoso, un domingo.
Y el lunes, algo se reconfiguró.
No sé si fue magia.
O pura casualidad.
Pero sí sé esto:
Cuando dejás de ver carencia en el otro,
dejás de alimentarla.
Y a veces, en ese pequeño cambio interno,
la realidad encuentra la forma de acomodarse a favor.
Yo elijo verlo así.
Es mi forma de comprenderlo.
La magia que nace del poder de nuestros pensamientos…
y de vivir en coherencia con ellos.
Te invito a ver mi canal de you tube. Estoy dejando más reflexiones como estas https://www.youtube.com/@0800manifestate, nos vemos pronto en un nuevo blog, podés conectarte conmigo para saber cuando salen los próximos. Hacemelo saber al mail info@lauradagostino.com y te sumo a la lista de difusión.
Comentarios recientes