El artículo de hoy es un tanto peculiar y me encanta que así sea.
Si me leés seguido, sabés que vengo con cosas raras. No es lo convencional y siento que eso también forma parte de mi elocuencia, esa que tanto me fascina compartir.
En esta oportunidad te quiero contar una anécdota de algo que pasó hace un tiempo. La escribí como reconocimiento a mi propio camino. Te la voy a dejar tal cual la escribí y luego reflexionaremos.
Un día escribí:
Cuánta gente habrá que compra un tacho de basura para el baño y se lo queda mirando por horas.
O esos dos frascos de café iguales a los que usan en la cafetería que me encanta.
Los miro con una alegría serena, fascinada.
Y ni hablar de la lámpara, esa que tuve meses en el carrito de compras, haciendo de cuenta que estaba por pagarla.
Creo que los miro como trofeos.
Sí, trofeos de mi mentalidad abundante.
Trofeos simbólicos por haber aprendido a gestionarme.
Hubo que hacer un ejercicio enorme para no meter la tarjeta black que siempre tenía límite.
Hubo que esforzarse mucho para dejar de hacer gastos emocionales.
Hoy los miro con alegría y disfruto al máximo que estos nuevos objetos son la materialización de mis primeras compras provenientes de una coherencia vigente.
Ni una gota de emoción disfuncional.
Ninguna necesidad.
Solo el registro de un estado emocional equilibrado y una razón en su lugar, validando desde la adultez una elección hecha con respeto y merecimiento.
Qué maravillosa gestión.
Y qué maravilloso observar, en las cosas que me rodean, esa sensación de paz.
Cuando miro para atrás me doy ternura.
Porque yo sé muy bien lo que es sentarse a cortar tarjetas de crédito para no usarlas… y después, cuando aparece la oportunidad, volver a sacarlas para endeudarse más.
Sé lo que es no poder llegar a fin de mes y estar colapsada por deudas, intentando tapar un agujero con otro agujero.
Sé lo que es rendirse, mandar todo a la mismísima mierda y empezar de nuevo con el cartel en la frente de endeudada y estafada (porque sí, de esas también hubo).
Durante mucho tiempo mi nula inteligencia emocional jugó en mi contra.
Y no la culpo. Era lo que había aprendido.
Lo bueno es que hoy tengo el diario del lunes.
Porque lo viví.
Y también lo escribí.
De hecho, reuní todo ese proceso en un ebook digital donde cuento cómo fue mi camino para aprender a gestionarme emocionalmente y cambiar mi relación con las decisiones, el dinero y conmigo misma.
Si querés leerlo, podés pedírmelo por mail o escribirme por WhatsApp a través de esta web y te lo envío gratis.
También podés descargarlo directamente desde el sitio donde está alojado para su difusión, en una comunidad con la que trabajé en conjunto.https://colaborativainsai.com.ar/catalogo
Ojalá lo disfrutes tanto como yo disfruté escribirlo.
Y, sobre todo, ojalá te ilumine el camino tanto como a mí.o tanto como a mi.
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