Aquellos que ya me conocen saben que tengo una mente retorcida bastante insoportable, esceptica por naturaleza y gracias a Dios que lo es, porque eso me ha hecho cuestionarlo todo, a tal punto de andar tratando de encontrarle a todo un nuevo porqué. Asi que lo «cientificamente comprobado» para esta «mente-ego grande como una casa» a la que Joung describiria como mi gran sombra. Le encanta todo lo cientificamente comprobado. ¿Será como ejercicio para creer más en algo? puede ser. Siempre tuve que verlo para comprobarlo. En fin, esta reflexión que descubrí para mi y fue un «aja» para mi mente lógica, hoy quizas, te haga creer un poco más en el cuerpo maravillo que habitas y esto va a ayudarte a confiar en que podés lograr cosas. Voy a dejar algunos datos y luego te voy a traducir todo eso, a mi propia historia. disfrutalo.

Cuando te mandás un par de mocos —de esos que duelen, te incomodan y te obligan a mirarte— algo se despierta.
No solo entendés más de vos, sino que fortalecés el músculo de la intuición: esa respuesta sutil que llega antes de que la mente formule una idea.

Un neurocientífico decía que todo viene del cerebro. Pero ese mensaje, tan fino, lo entiende primero el cuerpo… y lo comunica con señales que muchas veces pasamos por alto: un cosquilleo en el estómago, una presión en el pecho, un cambio de energía difícil de explicar pero imposible de negar.


La intuición: ciencia, cuerpo y energía

Hoy sabemos que no se trata de magia. La ciencia lo llama el eje cerebro-intestino: un sistema de comunicación donde las vísceras y el cerebro intercambian información constante.
António Damásio lo llamó la hipótesis del marcador somático: esas sensaciones corporales que anticipan si algo nos conviene o no.

Y lo más interesante: cuando aprendemos a escuchar el cuerpo, lo entrenamos para ser parte activa del proceso de manifestar.
Porque manifestar no es pensar fuerte en algo.
Es sentir con claridad, saber con el cuerpo, y accionar desde ese estado interno alineado.


El error como entrenamiento energético

A veces confundimos intuición con impulso.
Decimos “me dejé llevar por lo que sentía”, pero lo que sentíamos era miedo, ansiedad o carencia.
Solo después, cuando todo se cae, entendemos que no era intuición: era la emoción pidiendo auxilio.

Y está bien.
Cada error afina nuestra percepción. Cada caída ajusta la brújula.
Aprender de los errores no solo nos da experiencia mental, sino también inteligencia energética: el cuerpo aprende a reconocer cuándo algo vibra en coherencia y cuándo no.


Ahora te explico todo esto, mediante una anécdota:

El mayor entrenamiento intuitivo de mi vida vino del lugar menos esperado: las inversiones online.
Me lancé detrás de la promesa de éxito y abundancia creyendo que ahí estaba la solución y mi salvataje.
Pero detrás de esa carrera atras de la zanahoria lo que había era una autoestima herida buscando validación.

Perdí más plata que la que gané, me frustré, me avergoncé.
Y cuando todo se derrumbó, entendí algo profundo:
la abundancia que buscaba afuera solo podía manifestarse cuando yo me sintiera en paz adentro.

Ese día mi intuición recibió su primera gota de sabiduría.
Aprendió a reconocer cuándo una propuesta suena expansiva y cuándo solo es una trampa disfrazada de promesa.


El cuerpo como antena para manifestar

Tiempo después, me contaron sobre un negocio multinivel que “cambiaba vidas”.
Mientras escuchaba, el cuerpo me habló: esto no termina bien.
No lo pensé, lo sentí.

Y así fue. Hasta el Ceo terminó preso. y muchas personas perdiendo.
El cuerpo, cuando está limpio de miedo y conectado con la verdad interna, se vuelve la antena más precisa para manifestar.
Nos guía hacia lo que está alineado con nuestra energía y nos aleja de lo que solo vibra desde la necesidad.


Manifestar desde el ser

Manifestar no es ni forzar, ni perseguir.
Es alinearse.
Es permitir que la energía, la mente y el cuerpo hablen el mismo idioma.

Y para eso, hay que conocerse.
Porque si no abordamos las heridas que distorsionan nuestra percepción, lo que manifestamos no es deseo auténtico: es compensación.

Cada error que vivimos, cada pérdida y cada desilusión, nos acercan a esa versión más honesta y más consciente de nosotros mismos.
Y desde ahí, la intuición se vuelve aliada del alma. Por eso en este punto la clave para todo está en la autoestima.

Hoy entiendo que las cagadas también son maestras. Que el cuerpo no se equivoca tanto como creemos.
Que cada pérdida, cada vergüenza, cada caída nos entrena para reconocer la próxima señal.

Aprender de los errores es una forma de madurar sin perder sensibilidad. Es volvernos más sabios, no más duros.
Y sobre todo, es reconciliarnos con esa voz interna que, aunque no grita, siempre sabe.


Para seguir pensando…

¿Qué te enseñaron tus propios errores?
¿Qué te dijo tu cuerpo antes de que tu mente pudiera entenderlo?

Contame.


Para seguir en conexión.

Aprender a manifestar desde el ser es un proceso, y la intuición es el punto de partida.
Si este tema te resuena, seguí explorando mis reflexiones de autoconocimiento en https://lauradagostino.com/blog/ —y estate atenta, porque muy pronto voy a abrir un nuevo espacio en https://www.instagram.com/0800manifestate/, donde vamos a seguir profundizando en estos temas: energía, cuerpo, conciencia y manifestación real.

Nos leemos ahí. 🌿✨